Por Dr. Ing. Alejandro J. Gesino*

Para Argentina, la transición energética no debería plantearse como una elección entre hidrocarburos y nuevas energías. La oportunidad estratégica es convertirse en un país energético multiplataforma, capaz de abastecer simultáneamente mercados que demandan petróleo y gas y aquellos que comienzan a demandar electricidad renovable, hidrógeno, gases verdes y combustibles sintéticos.
La base existe. Vaca Muerta posee aproximadamente 308 Tcf de gas y 16.000 millones de barriles de petróleo y condensados técnicamente recuperables, según la EIA, y ya explica más del 70% de la producción argentina de gas. Entre 2021 y 2024, la producción nacional de petróleo aumentó alrededor de 50% y la de gas 27%. Al mismo tiempo, Patagonia, Cuyo y el NOA ofrecen recursos eólicos y solares excepcionales. Son dos ventajas competitivas que no deberían desarrollarse como mundos independientes.
La nueva demanda industrial refuerza esa necesidad. Minería y data centers requieren grandes cantidades de energía confiable y competitiva, muchas veces durante las 24 horas. El crecimiento del cobre y del litio agrega presión sobre generación, transmisión y almacenamiento: la IEA proyecta que la demanda mundial de litio crecerá desde unas 205 kt en 2024 hasta 455 kt en 2030. Para Argentina, esto abre la posibilidad de combinar gas, renovables, BESS y redes para suministrar potencia firme a nuevos centros de consumo.
El hidrógeno agrega una segunda dimensión. Puede utilizarse directamente o transformarse en amoníaco, metanol, SAF, combustibles sintéticos o insumos para producir hierro reducido y HBI, aumentando el valor agregado antes de exportar. En determinados procesos también puede contribuir a descarbonizar minería, transporte pesado y actividades industriales difíciles de electrificar.
La geografía argentina permite, además, pensar una estrategia regional. Hacia el Pacífico, Chile puede convertirse en socio logístico e industrial, utilizando infraestructura existente y futura para acceder a puertos y mercados asiáticos. La integración ya es tangible: Argentina exporta petróleo y gas hacia Chile y ambos países analizan ampliar la cooperación hacia electricidad, hidrógeno y nuevos corredores energéticos.
Hacia el Atlántico, Uruguay, Paraguay y Brasil amplían todavía más el concepto de plataforma. Uruguay puede aportar infraestructura portuaria y fuentes de CO₂ biogénico provenientes de cadenas forestales y agroindustriales para producir e-metanol y otros e-fuels; Paraguay aporta generación hidroeléctrica de muy baja intensidad de carbono y también CO₂ biogénico; y Brasil representa simultáneamente un enorme mercado industrial, logístico y energético. En 2026, Argentina y Brasil ya evaluaban formalmente corredores para exportar gas argentino utilizando rutas directas o infraestructura a través de Bolivia, Paraguay y Uruguay.
Aquí aparece el verdadero concepto dual: gasoductos, líneas eléctricas, puertos, almacenamiento, CO₂, renovables, hidrógeno y consumidores industriales deben comenzar a planificarse como partes de un mismo sistema energético.
La pregunta estratégica ya no es solamente qué recurso desarrollar, sino qué combinación de recursos, infraestructuras y corredores maximiza el valor para Argentina. ¿Dónde conviene transportar electrones y dónde moléculas? ¿Qué infraestructura puede servir a ambos mercados? ¿Dónde deberían localizarse los nuevos polos de minería, data centers y Power-to-X? ¿Qué integración conviene desarrollar con Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil?
Responder estas preguntas requiere modelización energética, análisis técnico-económico, planificación de infraestructura y coordinación regional. Argentina posee los recursos. El próximo paso es diseñar cómo conectarlos.
*Experto en transición energética, integración de energías renovables, hidrógeno verde y Power-to-X. Cuenta con más de 26 años de experiencia internacional en planificación energética, sistemas eléctricos y desarrollo de proyectos de hidrógeno y derivados en Europa y América Latina.


