
Por Rodrigo Stacco
Magíster en Supply Chain por el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), Lic. Organización Industrial (UTN) y Docente universitario en el ITBA. Con más de 15 años de experiencia en logística y planificación de Supply Chain en sectores industriales y energéticos.
Impulsado por la necesidad de acelerar la transición energética y transformar las oportunidades en proyectos concretos, el encuentro organizado a mediados de agosto en Y-TEC por el Consorcio H2ar reunió a referentes de Argentina con ponencias de expertos de España, Uruguay, Chile y Países Bajos para debatir el presente y futuro de la economía del hidrógeno.
Con más de 100 asistentes presenciales, representantes de más de 40 empresas y más de 20 instituciones, el encuentro se consolidó como un espacio estratégico para el intercambio de conocimientos, la generación de alianzas y la construcción de una visión compartida sobre el futuro del hidrógeno en la región.
A través de casos reales, experiencias internacionales y herramientas de financiamiento e innovación, quedó en evidencia que el desafío ya no se limita a producir hidrógeno de bajas emisiones, sino a desarrollar mercados, infraestructura, marcos de inversión y cadenas de valor capaces de sostener una industria competitiva a escala global. Durante la jornada se analizaron proyectos en desarrollo tanto en América Latina como en Europa, las oportunidades que genera el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), las estrategias empresariales hacia 2030+ y el creciente protagonismo de las tecnologías digitales en la planificación, ejecución y operación de iniciativas vinculadas al hidrógeno.
La economía mundial del hidrógeno atraviesa un momento decisivo.
Luego de varios años dominados por anuncios, hojas de ruta, metas de capacidad instalada y grandes expectativas, el sector comienza a ingresar en una etapa mucho más exigente. La discusión ya no se limita a demostrar que el hidrógeno puede producirse mediante energías renovables. El verdadero interrogante es cómo transformar ese potencial tecnológico en proyectos financiables, infraestructura disponible, contratos de largo plazo y mercados capaces de sostener una nueva actividad industrial.
Ese cambio de perspectiva atravesó buena parte de las exposiciones y debates desarrollados durante el 4° Foro H2ar. El encuentro permitió analizar experiencias internacionales, estrategias latinoamericanas, alternativas regulatorias y herramientas tecnológicas aplicables a la producción de hidrógeno y sus derivados.
A lo largo de la jornada apareció un mensaje transversal: disponer de excelentes recursos solares o eólicos representa una condición necesaria, pero no suficiente. Para que la industria despegue se necesitan consumidores, redes eléctricas y logísticas, puertos, sistemas de almacenamiento, certificaciones, financiamiento, previsibilidad regulatoria, proveedores y capacidades humanas.
En otras palabras, la carrera internacional del hidrógeno ya no se define exclusivamente por quién puede producir la molécula al menor costo. También dependerá de quién sea capaz de organizar mejor todo el ecosistema que la rodea.
España: de las metas climáticas a una cartera concreta de proyectos
La experiencia española, presentada por Marina Holgado, directora técnica de la Asociación Española del Hidrógeno, permitió observar la evolución de un mercado que ya cuenta con una amplia base empresarial, institucional y tecnológica.
La asociación reúne a más de 400 integrantes y articula empresas, universidades, institutos tecnológicos y organismos vinculados a la investigación, el desarrollo de la cadena de valor, la regulación y la formación especializada. Esa capacidad de coordinación aparece como uno de los activos centrales de la estrategia española.
España elevó sus objetivos energéticos para 2030 mediante la actualización del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. Entre las metas expuestas se encuentran aumentar al 81% la participación renovable en la generación eléctrica, alcanzar un 74% de hidrógeno renovable en determinados consumos industriales y llegar a 12 GW de capacidad de electrólisis instalada.
Sin embargo, el dato más significativo no fue solamente la ambición de los objetivos, sino la existencia de una cartera concreta. El censo español de 2025 identificó 399 proyectos relacionados con el hidrógeno, con inversiones estimadas superiores a 33.000 millones de euros y aproximadamente 2.800 millones de euros de financiamiento público. La cartera comprende iniciativas de investigación, desarrollo, demostración y escala comercial.
Dentro de los proyectos comerciales relevados se proyectan aproximadamente 20 GW de electrólisis y una producción potencial de 2,65 millones de toneladas anuales de hidrógeno. Las tecnologías predominantes son la electrólisis alcalina y PEM, aunque también comienzan a aparecer alternativas emergentes.Los destinos previstos muestran que el hidrógeno no es concebido como un producto aislado. Los proyectos incluyen amoníaco verde, metanol, combustibles sostenibles para aviación, fertilizantes, refinación, transporte pesado, almacenamiento y generación de calor industrial.
La experiencia española también permitió identificar las barreras que continúan demorando decisiones finales de inversión. Entre ellas se encuentran el acceso a la red eléctrica, la identificación de compradores, la regulación, el financiamiento público, la disponibilidad de agua y el acceso al equipamiento. La congestión de las redes y las restricciones de conexión aparecen como obstáculos particularmente relevantes.
La enseñanza para la Argentina es directa: una estrategia nacional no puede agotarse en la definición de metas productivas. Debe incorporar planificación de infraestructura, mecanismos de financiamiento, articulación científica e industrial y señales regulatorias suficientemente estables como para acompañar proyectos con largos periodos de maduración.

Uruguay: construir la transición sobre capacidades existentes
La presentación de Carolina Noya, integrante de la Gerencia de Transición Energética de ANCAP, mostró una estrategia diferente, apoyada en la transformación previa de la matriz energética uruguaya y en la capacidad de una empresa estatal para integrar proyectos, conocimiento e infraestructura.
Según la información expuesta, el 34% de la energía consumida en Uruguay proviene de fuentes fósiles, frente a valores presentados del 70% para América Latina y del 81% a escala mundial. Esa configuración ofrece una base favorable para desarrollar hidrógeno producido con electricidad de origen renovable.
Entre las iniciativas destacadas apareció H2U Offshore, concebida para estudiar el potencial de producción de hidrógeno y derivados a partir del recurso eólico marino. Los estudios presentados estiman velocidades medias superiores a 8,7 metros por segundo, factores de capacidad superiores al 51% y un potencial técnico de 275 GW, distribuido entre tecnologías fijas y flotantes.
La hoja de ruta contempla exploración, adquisición de información, pilotos productivos, ingeniería y eventual producción comercial. La magnitud y los plazos asociados muestran que el desarrollo del hidrógeno offshore requiere una mirada de largo plazo, continuidad institucional y capacidad para sostener procesos que atraviesan distintas etapas de evaluación.
Uruguay también comenzó a estudiar el hidrógeno natural o geológico. La presentación destacó como fortalezas la disponibilidad de información geológica, la experiencia exploratoria de ANCAP, la infraestructura energética existente y el marco minero. Al mismo tiempo, reconoció el elevado riesgo exploratorio, la ausencia de comprobación comercial y el carácter incipiente de las tecnologías asociadas.
Otro capítulo relevante fue el desarrollo de combustibles sostenibles mediante rutas como HEFA, orientadas a producir SAF, HVO, diésel renovable y biocombustibles avanzados a partir de materias primas agroindustriales. La propuesta busca integrar recursos como canola, soja, sebo y aceites residuales con activos de refinación e infraestructura ya disponibles. La estrategia uruguaya incluye, además, un proyecto de movilidad con una planta de electrólisis PEM de 1 MW, sistemas de compresión, almacenamiento y despacho. La secuencia expresada durante la exposición sintetiza la lógica del proceso: piloto, aprendizaje, ecosistema, demanda y escalamiento.
Esta mirada gradual aporta una enseñanza valiosa. La transición energética no necesariamente consiste en reemplazar de manera inmediata todo el sistema existente. También puede construirse mediante la utilización inteligente de activos, conocimientos, empresas y cadenas productivas ya desarrolladas.
Chile: el desafío de transformar anuncios en producción
Chile fue presentado como uno de los casos latinoamericanos más avanzados en materia de estrategia, cartera de proyectos e institucionalidad climática.
La exposición de Erwin Sepúlveda Sandoval, investigador del Centro de Energía de la Universidad de Chile, repasó las ventajas del país, desde la radiación solar del desierto de Atacama hasta los elevados factores de planta eólicos de Magallanes. Chile importa aproximadamente el 98% de sus combustibles fósiles, por lo que el hidrógeno renovable también se vincula con la seguridad energética y la reducción de la dependencia externa.
El Sistema Eléctrico Nacional chileno supera los 38 GW de capacidad instalada. Entre las capacidades presentadas se encuentran más de 12 GW solares, más de 6 GW eólicos, aproximadamente 7 GW hidráulicos y alrededor de 3,7 GW de gas natural. La energía solar y eólica aportaron cerca del 46% de la generación en el periodo analizado. La continuidad de las políticas públicas fue otro elemento destacado. La trayectoria presentada incluyó la creación del Ministerio de Medio Ambiente, la primera Contribución Nacional Determinada, la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde, la Ley Marco de Cambio Climático y el Plan de Acción de Hidrógeno Verde.
La estrategia inicial estableció objetivos ambiciosos: alcanzar 5 GW de electrólisis en desarrollo, producir hidrógeno verde por debajo de US$ 1,5 por kilogramo antes de 2030 y posicionar al país entre los principales exportadores hacia 2040. La actualización para el periodo 2026-2030, sin embargo, plantea una evolución conceptual. El foco comienza a trasladarse desde la capacidad instalada hacia la construcción de cadenas de valor de amoníaco, metanol, combustibles sintéticos y e-fuels, con mayor atención sobre la demanda interna.
La cartera chilena relevada comprende alrededor de 70 iniciativas, más de US$ 57.000 millones en inversiones potenciales, más de 21 GW de electrólisis proyectada y aproximadamente 27.000 empleos estimados. La presentación distinguió proyectos operativos y otros en factibilidad, prefactibilidad, aprobación o evaluación ambiental.Dos regiones concentran buena parte del desarrollo. Antofagasta integra proyectos vinculados con minería, amoníaco, electrificación y sustitución de combustibles. Magallanes reúne iniciativas de gran escala orientadas a hidrógeno, amoníaco y combustibles sintéticos para exportación.
También se presentaron proyectos de e-diésel, e-nafta, e-SAF y metanol verde, junto con iniciativas para fabricar o ensamblar electrolizadores y desarrollar plantas piloto móviles. El objetivo es generar capacidades tecnológicas e industriales locales, y no limitarse exclusivamente a importar equipos o exportar moléculas.
El caso chileno sintetiza uno de los grandes dilemas del sector. Contar con recursos, proyectos anunciados y capital potencial constituye un avance significativo, pero no garantiza la materialización de las inversiones. Todavía deben resolverse costos, demanda, infraestructura portuaria, disponibilidad de agua, gestión de salmueras, evaluación ambiental, aceptación comunitaria, capital humano, certificación y trazabilidad.
Países Bajos: donde la demanda y la logística se vuelven política industrial
Mientras España, Uruguay y Chile expusieron principalmente sus capacidades productivas y sus proyectos, la experiencia neerlandesa introdujo otra dimensión: la necesidad de construir demanda, transporte, almacenamiento e infraestructura de importación.
La presentación de Julio García-Navarro, investigador de TNO, describió un mercado con aproximadamente 1,3 millones de toneladas anuales de demanda de hidrógeno. Cerca del 88% corresponde a producción cautiva utilizada principalmente por refinerías e industrias químicas. Buena parte de ese consumo todavía se abastece con hidrógeno gris producido a partir de gas natural.
La regulación europea RED III establece objetivos de incorporación de combustibles renovables de origen no biológico. Los valores presentados indican que el 42% del hidrógeno utilizado por determinados sectores industriales deberá ser renovable hacia 2030, porcentaje que aumentaría al 60% hacia 2035. La regulación, por lo tanto, comienza a actuar como creadora de demanda. Este aspecto resulta decisivo porque el hidrógeno renovable producido localmente todavía presenta una brecha económica importante. Según las estimaciones compartidas, su costo puede ubicarse entre 9 y 13 euros por kilogramo, frente a un rango de 2 a 3 euros por kilogramo para el hidrógeno gris.
Los Países Bajos ya cuentan con proyectos como Holland Hydrogen I, compuesto por un electrolizador alcalino de 200 MW y una producción estimada de 20.000 toneladas anuales. Sin embargo, incluso con el crecimiento previsto de la electrólisis, la producción nacional sería insuficiente para abastecer toda la demanda renovable requerida. Por ese motivo, el país está construyendo una estrategia apoyada en almacenamiento subterráneo, redes de transporte y terminales portuarias. El Dutch Hydrogen Backbone fue presentado como una red destinada a conectar centros industriales, puertos y consumidores, aprovechando parcialmente infraestructura gasífera existente y con una capacidad proyectada de 1,2 millones de toneladas anuales.
Rotterdam aparece en este esquema como futura puerta de entrada. Los proyectos contemplan terminales de amoníaco, instalaciones de cracking, hidrógeno líquido y portadores orgánicos líquidos de hidrógeno. Una terminal de importación de gran escala podría aportar más de 200.000 toneladas anuales al mercado neerlandés.Para la Argentina, esta experiencia aporta una señal estratégica. No alcanza con saber que Europa podría demandar hidrógeno. Es indispensable comprender qué producto comprará cada mercado, bajo qué norma, en qué puerto será recibido, cómo será transportado, qué trazabilidad se exigirá y quién asumirá los costos de conversión.

Mesa Redonda: Estrategias a 2030+
La primera mesa redonda del dia reunió a referentes de empresas y organizaciones con fuerte participación en el desarrollo de la economía del hidrógeno. El panel estuvo integrado por Marcelo Fermepin, Global Solution Business Developer Region SAM de Air Liquide; Isabel Vega, Gerente Químicos, Biológicos y Combustibles de Y-TEC; y Paulo Castro, Gerente de Desarrollo de Negocios de Wärtsilä, con la moderación a cargo de Andrés Barcia, Líder de Nuevas Energías de YPF.
Durante el intercambio, los especialistas analizaron los desafíos y oportunidades que enfrentará la industria del hidrógeno hacia 2030 y más allá. Los participantes coincidieron en que el crecimiento del sector dependerá no solo de la competitividad de la producción, sino también de la capacidad para desarrollar mercados, infraestructura, mecanismos de financiamiento y marcos regulatorios que permitan acelerar la concreción de proyectos a escala comercial.
Asimismo, se destacó la necesidad de avanzar en la construcción de cadenas de valor integradas, impulsando aplicaciones como el amoníaco verde, los combustibles sintéticos y otras soluciones destinadas a sectores difíciles de descarbonizar. En este contexto, la cooperación entre empresas energéticas, tecnológicas, industriales y organismos de investigación apareció como un factor clave para transformar el potencial del hidrógeno en una industria capaz de generar desarrollo económico, innovación y reducción de emisiones.
La discusión dejó en claro que la carrera del hidrógeno ya no se define únicamente por quién produce la molécula al menor costo, sino por quién logra construir el ecosistema más sólido para llevarla al mercado.
RIGI: el puente entre los recursos argentinos y la inversión
El Foro también abordó el marco necesario para transformar oportunidades en inversiones. La presentación del estudio Beccar Varela analizó el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones y su aplicación a actividades energéticas, mineras, industriales y de infraestructura.
Según lo expuesto, el régimen brinda una vigencia de 30 años desde la inclusión del proyecto y contempla sectores vinculados con generación, almacenamiento y transporte de energía, energías renovables, producción de energías bajas en carbono, bioenergía, movilidad y captura de dióxido de carbono.
Para el sector energético y tecnológico es necesaria una inversión mínima de US$ 200 millones. Los proyectos deben estructurarse mediante un Vehículo de Proyecto Único y acompañarse con un plan de inversión, esquema de financiamiento, análisis de factibilidad, estimación de empleo, desarrollo de proveedores y proyección de divisas.
Por otro lado, la categoría de Proyectos de Exportación Estratégica de Largo Plazo contempla inversiones mínimas de US$ 2.000 millones, múltiples etapas y la posibilidad de integrar distintos vehículos de proyecto. Esta figura presenta una relación directa con los complejos de hidrógeno, amoníaco o combustibles sintéticos orientados al mercado mundial.Entre los beneficios expuestos se encuentran una alícuota reducida de Ganancias del 25%, amortización acelerada, tratamiento de quebrantos, mecanismos relacionados con el IVA, cómputo del impuesto a los débitos y créditos y exenciones para determinados bienes de capital, repuestos y componentes. También se destacaron reglas de importación y exportación, ausencia de cupos cuantitativos y protecciones frente a controles de precios. Para una industria intensiva en equipamiento importado y orientada a mercados externos, estas variables pueden ser determinantes.
El RIGI constituye una herramienta importante, pero no reemplaza la necesidad de una estrategia específica. El desarrollo del hidrógeno requerirá, además, reglas sobre certificación, seguridad, uso de agua, transporte, permisos, infraestructura compartida y reconocimiento internacional de las emisiones asociadas a cada producto.
Mesa Redonda: Tecnologías digitales en Proyectos
Por último, y como cierre del 4° Foro H2ar, tuvo lugar la segunda mesa redonda con el aporte relevantes de la incorporación de la dimensión digital al debate sobre el desarrollo de la industria del hidrógeno. El segmento sobre tecnologías digitales en proyectos contó con la participación de Fernando Arribálzaga, Account Manager de Honeywell, y Fabricio Donadio, Chief Operating Officer de Cintelink, bajo la moderación de Matías Catueño, de YPF Luz.
El debate abordó la aplicación de datos, conectividad, automatización, inteligencia artificial y analítica avanzada en los futuros proyectos de hidrógeno. Una de las consignas presentadas por Cintelink, “La energía no viene en barco ni se vende en estaciones”, propuso repensar un sistema energético donde conviven electricidad renovable, gas natural, GNL, GNC, GLP, hidrógeno, combustibles sintéticos y sistemas de almacenamiento. La transición fue planteada como un proceso integrado, en el cual las infraestructuras y conocimientos desarrollados para los combustibles actuales pueden aportar capacidades valiosas para las etapas siguientes.
Los expositores coincidieron en que los proyectos de hidrógeno integrarán generación renovable, electrólisis, almacenamiento, compresión, transporte, comercialización y certificación. Gestionar esa complejidad requerirá plataformas capaces de capturar, procesar y analizar información en tiempo real. En este contexto, la analítica avanzada, la inteligencia artificial, el mantenimiento predictivo y los gemelos digitales fueron presentados como herramientas clave para optimizar procesos, anticipar desviaciones, simular escenarios y mejorar la disponibilidad de los activos.
La digitalización también será indispensable para acreditar el origen renovable de la electricidad utilizada, la intensidad de carbono de los productos, la procedencia de las materias primas, los balances energéticos y el cumplimiento de los estándares internacionales de certificación. Sin trazabilidad confiable, un proyecto podría enfrentar importantes barreras para acceder a mercados regulados y a mecanismos de financiamiento sostenible. La integración digital deberá abarcar productores, operadores de electrólisis, sistemas de almacenamiento, transportistas, consumidores, organismos reguladores y entidades certificadoras.
Al mismo tiempo, los participantes remarcaron que esta creciente interconexión exigirá fortalecer la ciberseguridad y la protección de la infraestructura crítica, convirtiendo a la gestión de los datos en un activo tan estratégico como la propia producción de energía. En este escenario, la transformación digital deja de ser un complemento tecnológico para convertirse en un factor central de competitividad dentro de la futura economía del hidrógeno.

Las siete definiciones que dejó el 4° Foro H2ar
Más allá de las particularidades de cada país, empresa o proyecto presentado durante el 4° Foro H2ar, las exposiciones dejaron un mensaje común: el desarrollo de la economía del hidrógeno ha comenzado a transitar una etapa de mayor madurez. La discusión ya no gira exclusivamente en torno al potencial técnico del recurso o a la disponibilidad de energías renovables, sino sobre los factores que determinarán qué regiones y organizaciones lograrán transformar esa ventaja inicial en proyectos sostenibles, competitivos y escalables.
Las experiencias compartidas por representantes de Europa y América Latina evidenciaron que el éxito de esta nueva industria dependerá de una combinación equilibrada de infraestructura, demanda, financiamiento, innovación tecnológica, estabilidad regulatoria y capacidades locales. En otras palabras, la competencia futura no será únicamente por producir hidrógeno a menor costo, sino por construir ecosistemas capaces de atraer inversiones, generar valor agregado y posicionarse de manera estratégica en los mercados globales.
A partir de las distintas exposiciones, debates y mesas redondas desarrolladas durante la jornada, es posible identificar siete conclusiones centrales que permiten comprender hacia dónde se dirige la industria y cuáles serán los principales desafíos para los próximos años:
- El recurso renovable es solamente el punto de partida. La competitividad final también dependerá de infraestructura, financiamiento, escala, logística y regulación.
- La demanda debe construirse. Los proyectos necesitan compradores dispuestos a firmar contratos de largo plazo y regulaciones que reconozcan el valor ambiental del producto.
- Los derivados pueden avanzar antes que el hidrógeno puro. Amoníaco, metanol, SAF, e-fuels y fertilizantes ofrecen aplicaciones, mercados y alternativas logísticas más concretas.
- La infraestructura puede definir ganadores y perdedores. Redes eléctricas, ductos, almacenamiento y puertos pueden convertirse en ventajas competitivas o en cuellos de botella.
- La estabilidad regulatoria resulta indispensable. Los proyectos requieren horizontes prolongados y decisiones de inversión que no pueden depender de reglas cambiantes, por lo cual es necesaria la definición de una Ley que le proporcione un marco regulatorio claro al sector.
- El valor local debe planificarse desde el comienzo. Proveedores, ingeniería, tecnología, empleo y formación tienen que formar parte de la estrategia industrial.
- La trazabilidad digital será una condición de acceso a los mercados. No bastará con afirmar que el hidrógeno es verde. Será necesario demostrarlo mediante datos verificables y estándares reconocidos.
Conclusiones del 4° Foro H2ar
La Argentina dispone de recursos eólicos y solares capaces de sostener proyectos competitivos. También posee industria energética, experiencia en petróleo y gas, infraestructura portuaria, capacidades científicas, ingeniería y un entramado empresarial que puede participar en diferentes segmentos de la cadena. Sin embargo, la principal oportunidad no debería reducirse a exportar hidrógeno como una materia prima más. La estrategia nacional puede integrar producción renovable, fabricación de derivados, desarrollo de proveedores, servicios de ingeniería, soluciones digitales, infraestructura logística y aplicaciones para sectores difíciles de descarbonizar.
Los casos internacionales presentados muestran que ninguna industria del hidrógeno se desarrolla de manera espontánea. España construye un ecosistema y una cartera diversificada. Uruguay combina pilotos con capacidades existentes. Chile busca pasar de las metas a la producción. Países Bajos crea demanda e infraestructura de importación. Argentina incorpora herramientas de atracción de inversiones y comienza a discutir cómo posicionarse dentro de ese mercado emergente.
En definitiva, el 4° Foro H2ar dejó en claro que la economía del hidrógeno ya no se encuentra en una etapa de expectativas o promesas. El desafío ahora consiste en transformar las ventajas naturales, tecnológicas e industriales en proyectos concretos capaces de generar inversión, empleo y desarrollo sostenible, integrando a la región dentro de las nuevas cadenas globales de energía limpia.
Ya no resulta suficiente anunciar capacidades de electrólisis o proyectar volúmenes de exportación. La nueva fase exige resolver quién comprará el producto, quién financiará las instalaciones, cómo se transportará, qué regulación lo certificará, qué infraestructura utilizará y cuál será su costo final al llegar al consumidor.
Este fue, quizás, el mensaje más importante que dejó el 4° Foro H2ar: el hidrógeno del futuro no se construirá únicamente con viento, sol y agua. Aunque la disponibilidad de recursos renovables seguirá siendo una condición indispensable, ya no será un factor suficiente para garantizar el éxito. La verdadera diferenciación estará dada por la capacidad de articular acuerdos entre sectores públicos y privados, movilizar inversiones de largo plazo, desarrollar infraestructura estratégica, generar marcos regulatorios estables y formar el capital humano necesario para sostener una industria completamente nueva.
La consolidación de esta industria dependerá de la capacidad para conectar todas esas dimensiones. Recursos renovables, tecnología, regulación, capital, demanda, logística, digitalización y talento deberán evolucionar de manera coordinada.La Argentina tiene condiciones para desempeñar un papel relevante. Pero transformar esa oportunidad en una industria real requerirá continuidad, cooperación entre el sector público y privado, visión exportadora, desarrollo tecnológico y una estrategia que trascienda los ciclos de corto plazo.

