Desde las Ciencias Sociales, un equipo de la EEyN-UNSAM estudia cómo el litio y el hidrógeno verde pueden convertirse en oportunidades de desarrollo productivo, tecnológico e inclusivo para América del Sur. El proyecto busca aportar evidencia e insumos para diseñar políticas públicas, fortalecer capacidades locales y evitar una inserción regional limitada a la exportación de materias primas.
En el marco de UNSAM Investiga 2025, la Escuela de Economía y Negocios desarrolla ocho proyectos de investigación con finalización prevista para septiembre de 2026. Uno de ellos, dirigido por Martín Obaya, analiza cómo América del Sur puede aprovechar sectores estratégicos de la transición energética, como el litio y el hidrógeno verde, para impulsar un desarrollo productivo, tecnológico e inclusivo.
En un escenario en el que la transición energética redefine las estrategias de desarrollo a escala global, las ciencias sociales tienen un papel clave: permiten analizar no solo qué recursos tiene una región, sino bajo qué condiciones esos recursos pueden convertirse en capacidades productivas, empleo calificado, conocimiento, cooperación e inclusión. Desde esa perspectiva, el proyecto “Construyendo cadenas de valor en sectores estratégicos para la transición energética: litio e hidrógeno verde en perspectiva regional” estudia cómo América del Sur puede aprovechar dos sectores estratégicos sin quedar limitada a una inserción basada únicamente en la exportación de materias primas.
La investigación es dirigida por Martín Obaya, vicedirector e investigador del CENIT-EEyN-UNSAM, e integrada por Diego Murguía y Mariano Olivieri. Su propósito es aportar evidencia e insumos para comprender cómo se organizan estas cadenas de valor, qué capacidades productivas y tecnológicas necesita la región, qué políticas públicas podrían fortalecerlas y de qué modo la cooperación regional y birregional puede contribuir a una transición energética con mayor impacto local.
“La idea no es mirar estos recursos solo como materias primas para exportar, sino preguntarse cómo pueden contribuir al desarrollo productivo, tecnológico e inclusivo de la región”, explica Obaya.
La investigación forma parte de los ocho proyectos de la EEyN seleccionados en UNSAM Investiga 2025, una iniciativa orientada a fortalecer líneas de trabajo sobre problemáticas relevantes para el desarrollo económico, social y productivo. En este caso, el proyecto se propone analizar dos sectores clave, aunque muy distintos entre sí, de la transición energética: el litio y el hidrógeno verde.
La pregunta resulta especialmente relevante en una región que cuenta con recursos estratégicos de enorme valor, pero que todavía enfrenta dificultades para capturar una mayor porción del valor generado en las cadenas globales. “Aunque la región tiene recursos estratégicos muy importantes, todavía enfrenta muchas dificultades para capturar más valor en las cadenas globales: capacidades industriales limitadas, baja coordinación regional, marcos regulatorios fragmentados y una inserción todavía muy concentrada en los eslabones primarios”, señala.
El litio y el hidrógeno verde ocupan lugares diferentes dentro de la transición energética. El primero ya es un insumo central para la electrificación del transporte, porque resulta indispensable en las baterías de ion-litio utilizadas por los vehículos eléctricos. El segundo, en cambio, aparece como una alternativa para descarbonizar actividades donde la electrificación directa resulta más compleja, como ciertas industrias pesadas, el transporte marítimo, la aviación o algunos usos mineros.
“El litio y el hidrógeno verde se insertan como dos piezas que se encuentran en estadíos diferentes de desarrollo y tienen roles distintos en la transición energética. El litio es fundamental para la electrificación del transporte, porque es un insumo central de las baterías de ion-litio que usan los vehículos eléctricos. El hidrógeno verde, en cambio, aparece como una alternativa para descarbonizar sectores donde la electrificación directa es más difícil”, explica Obaya.
A nivel regional, el desafío es convertir la disponibilidad de recursos en capacidades productivas más complejas. “América Latina tiene una posición muy fuerte en términos de recursos —litio, sol, viento, agua y matrices eléctricas relativamente limpias—, pero todavía tiene capacidades limitadas para avanzar hacia los eslabones de mayor valor agregado”, advierte.
En litio, la región continúa concentrada principalmente en la extracción y producción de compuestos químicos, mientras que la fabricación de cátodos, celdas y baterías permanece dominada por Asia. En hidrógeno verde, el panorama es distinto: existe un gran potencial y numerosos proyectos anunciados, pero el mercado todavía se encuentra en una etapa incipiente. “Los costos son altos y faltan infraestructura, financiamiento, regulación y demanda firme”, añade.
Entre los aprendizajes preliminares del proyecto, el equipo destaca que la región tiene una oportunidad concreta por su dotación de recursos estratégicos. Sin embargo, esa ventaja no se traduce de manera automática en desarrollo. “Son necesarias políticas públicas que permitan poner en marcha dinámicas virtuosas”, sostiene Obaya.
Un segundo punto central es la necesidad de avanzar hacia una estrategia que fortalezca capacidades locales. “El principal desafío es pasar de una inserción basada en la exportación de recursos naturales a una estrategia que permita construir capacidades locales: proveedores, conocimiento tecnológico, empleo calificado, mejores estándares ambientales y mayor captura de valor”, afirma.
A esto se suma una tercera dimensión: la cooperación regional y birregional. “Ningún país por sí solo parece tener todas las capacidades necesarias para avanzar en cadenas de valor más complejas. Por eso, aparecen como temas prioritarios la coordinación entre países, la cooperación científico-tecnológica y la armonización de estándares”, plantea el investigador.
Para Argentina, estos debates tienen una incidencia directa. El país posee recursos de litio de gran relevancia, capacidades científicas acumuladas y una base industrial que podría aprovecharse en sectores como la química, la ingeniería, la energía y la industria automotriz. Pero el proyecto advierte que la disponibilidad de recursos no alcanza por sí misma. “Si Argentina se limita a atraer inversiones extractivas, puede aumentar exportaciones, pero con impactos productivos relativamente acotados”, explica Obaya.
En el caso del litio, eso supone diseñar instrumentos que permitan que la expansión minera impulse servicios intensivos en conocimiento, ingeniería, tecnologías ambientales y, eventualmente, actividades vinculadas a materiales o componentes de baterías. Para el hidrógeno verde, donde el desarrollo está mucho menos consolidado, el desafío pasa por construir un marco regulatorio, infraestructura e instrumentos financieros que permitan transformar los proyectos potenciales en inversiones concretas.
“En hidrógeno verde, donde el desarrollo es mucho más incipiente, el desafío es construir un marco regulatorio, infraestructura e instrumentos financieros que permitan pasar de proyectos potenciales a inversiones concretas”, resume.
Más allá del ámbito académico, la investigación busca alimentar una discusión pública más informada sobre las estrategias de desarrollo asociadas a la transición energética. Su aporte consiste en producir evidencia, identificar restricciones, comparar experiencias y ofrecer insumos para el diseño de políticas que permitan pensar la transición energética no solo como una oportunidad exportadora, sino también como una estrategia de desarrollo.
“La idea es ofrecer insumos concretos para que los países de la región puedan diseñar estrategias de desarrollo vinculadas al litio, el hidrógeno verde y las energías renovables, no solo desde una lógica exportadora, sino también incorporando objetivos de desarrollo productivo, sostenibilidad e inclusión”, afirma Obaya.
El proyecto también aspira a contribuir a la cooperación entre América Latina y la Unión Europea. “Buscamos aportar a la cooperación regional y birregional, especialmente entre América Latina y la Unión Europea. En ese sentido, el impacto esperado es ayudar a identificar áreas donde la cooperación técnica, el financiamiento, la construcción de capacidades y la armonización de estándares puedan generar beneficios más amplios para los países proveedores de recursos”, concluye.
UNSAM INVESTIGA 2025
UNSAM Investiga es un programa de financiamiento de la Secretaría de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) de la Universidad Nacional de San Martín, diseñado para impulsar proyectos innovadores que generen conocimiento de alto impacto en los campos científico, tecnológico y social.
La convocatoria 2025 contó con dos líneas principales: Proyectos de I+D+i en Temas Abiertos (para grupos consolidados y en etapa temprana) y Proyectos de I+D+i con Alianza Estratégica (en colaboración con actores del sector productivo o social). Los proyectos seleccionados reciben un año de financiamiento diferenciado según categoría y tipo de investigación, evaluados por pares bajo criterios de calidad científico-tecnológica, originalidad, viabilidad y pertinencia. Este año, UNSAM financiará 136 proyectos de investigación en todas sus áreas disciplinares, marcando un hito histórico en la política científica institucional.
CENIT – CENTRO DE INVESTIGACIONES PARA LA TRANSFORMACIÓN
Creado en 1990, CENIT es un centro interdisciplinario de investigación, acción y formación especializado en ciencia, tecnología, innovación, desarrollo y sustentabilidad. Desde 2018, forma parte de la Escuela de Economía y Negocios (EEyN) de la UNSAM.
El centro cuenta con un equipo de más de 20 investigadores especializados en distintas disciplinas que trabajan en investigación teórica y aplicada utilizando metodologías cualitativas y cuantitativas. CENIT promueve prácticas de producción abierta y colaborativa, política de ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo sostenible, y utiliza herramientas participativas para integrar diversos saberes. Es reconocido por su excelencia académica y su capacidad de asesorar a distintos actores del ámbito de la política pública. Forma parte de redes internacionales de investigación como el Consorcio STEPS (Universidad de Sussex), la Red Sudamericana de Economía Aplicada y la Red de Ciencia Abierta y Colaborativa para el Desarrollo (OCSD).
Fuente: UNSAM

